Una crema sencilla y rápida que combina lo mejor de dos
de las hortalizas más apreciadas de la cocina mediterránea. Este plato destaca
no solo por su sabor delicado y equilibrado. Ideal para disfrutar en cualquier
época del año, su textura suave y su aroma invitan a saborearla tanto como
entrante o plato principal.
Sección Crema: 4
personas, preparación 15 minutos.
Dificultad fácil.
Todos los tiempos y cantidades son siempre indicativos.
Ingredientes para la receta:
400 g de espárragos verdes, congelado, 400 g de
alcachofas congeladas, 1 patata mediana, agua para la cocción y sal.
Decoración
picatostes y aceite de oliva virgen.
Preparación y cocción:
Pelar la patata y trocearla.
Poner a calentar agua en una olla.
Una vez que empiece a hervir incorporar todas las
verduras cocinar hasta que todo esté en su punto.
Escurrir reservando su agua y reservar una unidad
entera de esparrago y alcachofa.
Poner el resto en la batidora añadirle caldo y triturar
hasta conseguir una crema a la densidad deseada, añadiendo un chorro de aceite.
Servir en plato decorando con un esparrago, alcachofa y
picatostes.
Espárragos
verdes
Se
cree que el espárrago es originario de las cuencas del Tigris y Éufrates. En un
principio era una planta espontánea que crecía en los terrenos arenosos del
continente euroasiático. Se sabe que ya era cultivada por los egipcios hacia el
año 6000 a.C., y desde allí se difundieron a Grecia e Italia. Existen
diferentes tipos de espárragos, una planta perenne de la familia de las
liliáceas. Hay espárragos verdes, con su sabor dulce, ricos en antioxidantes y
elementos nutritivos que son buenos para nuestro organismo (así como para las
papilas gustativas) - el color de este tipo se debe a la clorofila.
La alcachofa es una
planta típica mediterránea y pertenece a la familia Asteraceae. Su nombre
científico es Cynara scolymus . Cynara proviene del latín “ cinis ”, (“de
ceniza”). Actualmente los grandes consumidores de alcachofa son los españoles,
italianos y los franceses mientras que fuera de Europa sigue siendo una
hortaliza semidesconocida. La época más importante para la alcachofa fue la
Edad Media. De la alcachofa, por tanto, se puede comer la parte más interna y
las brácteas menos duras y externas. Incluso el tallo, cuidadosamente despojado
de la parte más dura llena de filamentos, se puede comer después de la cocción.
La alcachofa no tiene un olor particular mientras que su sabor es básicamente
amargo. Para reconocer el fresco, hay que comprobar que el tallo no se doble,
sino que se rompa con la presión de un dedo.
Los
picatostes
Son
trozos de pan que se tuestan o frían hasta que se vuelven crujientes. Se
utilizan en diversas cocinas alrededor del mundo y pueden tener varias formas y
tamaños, dependiendo de la receta o el uso. La historia de los picatostes se
remonta a tiempos antiguos, cuando se buscaba una manera de aprovechar el pan
que había quedado duro o sobrante. Con el tiempo, este método de preparación se
popularizó y se adaptó en diferentes culturas. En la Edad Media, el pan se
cortaba en trozos y se cocinaba para prolongar su vida útil. En muchas
culturas, se utilizaban para acompañar sopas o guisos, ya que, al ser
crujientes, aportaban una textura interesante al plato. A lo largo de la
historia, los picatostes han evolucionado y han encontrado su lugar en diversas
gastronomías, tanto como un acompañamiento como un ingrediente principal en
algunos platos. Se utilizan de diversas maneras: en sopas, también se utilizan
en ensaladas diferentes salsas o dips, como el hummus o guacamole. Hacer
picatostes es bastante sencillo. Generalmente, se corta el pan en cubos o
tiras, se rocía con aceite de oliva y algunas especias al gusto, y luego se
tuestan en el horno o se fríen en una sartén hasta que estén dorados y
crujientes. En resumen, los picatostes son un recurso versátil y delicioso que
ha sido parte de la cocina durante siglos, apreciado por su capacidad para
realzar el sabor y la textura de muchos platos.























