Las
farfalle, reconocibles por su forma de mariposa, son una pasta perfecta para
combinar con salsas ricas y texturizadas. En esta receta, se acompañan de una
sabrosa salsa hecha con tomates cherry jugosos, crujiente guanciale y un toque
opcional de guindilla, que aporta un leve picante, realzando cada bocado con
una mezcla equilibrada de sabores.
Sección
Pasta corta; 4
personas, preparación 10 minuto, cocción de la pasta el tiempo indicado por el
fabricante.
Dificultad: fácil. Todos los
tiempos son siempre indicativos.
Ingredientes para la receta:
360
g de pasta, ½ cebolla, 2 ajos, 250 g de tomates cherry, 100 g de guanciale,
guindilla molida (opcionalmente), queso parmesano rallado, aceite de oliva,
agua para la cocción y sal.
Preparación y cocción:
Pelar
la cebolla y los ajos y picarlos finamente, sofreírlos en aceite.
Mientras
cortar el guanciale en tiras y después en dados, incorporar al sofrito.
Lavar
los tomates cherrys y partirlos por la mitad y una vez que el guanciale este
casi dorado incorporarlos al mismo y sala.
Cocinar
a fuego bajo hasta que esté la salsa en su punto.
Cocer
la pasta en abundante agua con sal, dejarla al dente escurrirla añadiendo un
poco de agua en la salsa.
Saltear
la pasta en la salsa añadiendo la guindilla molida opcionalmente y servir
caliente.
Acompañar
con el queso aparte para uso individual.
Farfalle
Pertenecientes
a la familia de las pastas cortas, se encuentran sin duda entre las más
extravagantes, bellas y queridas por los niños. Su nombre proviene de la forma
que se asemeja a las alas de una mariposa. ¡Algunos incluso reconocen una linda
pajarita en su apariencia! Nacen de una masa cortada en cuadrados, con el borde
estriado, grapada en el centro El resultado de este proceso le da a la pasta
una doble consistencia, más robusta en el centro y más delicada en los
extremos. Formato originario de Lombardía y Emilia, cuenta con orígenes muy
antiguos: según los expertos la primera versión data del siglo XVI. Durante la
temporada de verano son los preferidos para la preparación de pastas frías.
La
papada de cerdo “guanciale”
Es
una parte del cerdo que se encuentra bajo la mandíbula y en el cuello del
animal. Es una carne muy jugosa y con un alto contenido de grasa, lo que le da
un sabor único y sabroso. La papada se puede cocinar a fuego lento para que la
grasa se derrita lentamente, lo que resulta en una carne muy tierna y sabrosa.
Se puede utilizar en guisos o estofados. También se puede asar o cocinar a la
parrilla, permitiendo que la grasa se dore y se vuelva crujiente. Es un
ingrediente común en la elaboración de ciertos tipos de embutidos, como el
chorizo o el salami, debido a su alto contenido graso que aporta sabor y
jugosidad. En muchas tradiciones culinarias, la papada se utiliza en recetas
tradicionales. Por ejemplo, se puede curar y usar en muchos o en platos típicos
de algunas regiones o como ejemplo en la pasta a la carbonara y se llama
guanciale.
La
guindilla

























