Plato tradicional que evoca el sabor auténtico de la
cocina española. Esta preparación combina la ternura de la carne de conejo con
una salsa rica y aromática, elaborada a base de ajo, aceite de oliva.
Caracterizada por su intenso sabor y fragancia, acompañado de crujientes
patatas paja.
Sección:
caza,
4 personas, preparación 20/25 minutos.
Dificultad
fácil.
Todos los tiempos son siempre indicativos
Ingredientes para la receta:
Preparación y cocción:
Dorar
4 dientes de ajo en aceite en la cazuela en la que se vaya a cocinar.
Trocear
el conejo, salarlo, freírlo, dorarlo y reservarlo.
En
un mortero machacar los ajos restantes, el perejil, l la sal y un hilo de
aceite.
Poner
en la cazuela el conejo reservado, rehogar y añadir el majado.
Rehogar
de 2 a 3 minutos, añadir vinagre al gusto y mezclar hasta su evaporación.
En
el mortero poner 2 cucharadas de harina y diluirlas bien con un poquito de
agua.
Añadirlo
al conejo con más agua, mezclarlo bien y cocer unos 20 minutos y este en su
punto.
Pelar
las patatas, cortarlas bastoncito o tipo paja y freírlas en abundante aceite.
Servir
el conejo acompañado con las patatas fritas.
EL
conejo
Hace unos 3.000 años, cuando los fenicios del Mediterráneo oriental desembarcaron en las costas de la Península Ibérica, se sorprendieron al ver la enorme cantidad de conejos salvajes que allí vivían. Según una teoría llamaron a esa tierra Hispania, que significaría "tierra de conejos" en lengua fenicia. Cuando España pasó a formar parte del Imperio Romano, alrededor del año 200 a.C., se representaron conejos en algunas monedas como símbolo del país. El conejo, a diferencia de la mayoría del ganado criado durante miles de años con fines alimentarios, sólo se crio selectivamente a partir del siglo V. La carne de conejo, catalogada como "alternativa" a la carne de vacuno, tiene una mayor cantidad de proteínas y un menor contenido en grasas y colesterol que esta última.
Salsa
al ajillo
Es una técnica culinaria muy popular en la cocina mediterránea, especialmente en la española. Este método resalta el sabor del ajo, que se convierte en un elemento central del plato. Primero se calienta aceite de oliva en una sartén a fuego medio. Luego, se añaden dientes de ajo pelados y picados (o en láminas. Es importante cuidar el ajo para que no se queme, ya que esto puede amargar el sabor de la salsa; el ajo debe dorarse ligeramente hasta volverse dorado y fragante. Una vez que el ajo está listo, se incorpora el ingrediente principal, que puede ser mariscos, pollo, carne o verduras. Se mezcla bien para que el alimento se impregne con el sabor del ajo y el aceite. A medida que el plato se cocina, los sabores se combinan y se intensifican. Finalmente, se puede añadir un toque de perejil fresco picado para dar frescura y un bonito color. Algunos también optan por incluir un chorrito de vino blanco o caldo para enriquecer aún más la salsa. El resultado es un plato sabroso y aromático, donde el sabor del ajo predomina, realzando la esencia de los ingredientes elegidos. La salsa al ajillo puede servirse como plato principal o como acompañamiento, y es ideal para disfrutar con pan, que se puede usar para mojar en la deliciosa salsa.
La
patata y corte bastoncito o paja
Tiene una historia muy interesante. Se originó en los Andes de América del Sur, donde fue cultivada por las civilizaciones indígenas, como los Incas, hace entre 7,000 y 10,000 años. Era un alimento esencial para estas culturas. En el siglo XVI, cuando los europeos llegaron a América, llevaron la patata de vuelta a Europa. Al principio, la gente era escéptica sobre comerla, pero pronto se hizo muy popular. Se convirtió en un alimento fundamental en muchos países europeos, especialmente en Irlanda y Alemania. En el siglo XVIII, la patata ayudó a alimentar a muchas personas y contribuyó al desarrollo de la Revolución Industrial. Sobre las patatas fritas, existen diferentes formas de prepararlas. Las fritas paja son láminas muy finas de patata que se fríen hasta quedar crujientes. Suelen servirse como aperitivo o acompañamiento. Por otro lado, los bastoncitos (o papas fritas en bastón) son trozos más gruesos que se cortan en forma de palitos y se fríen hasta que están dorados y crujientes por fuera y suaves por dentro. Ambos tipos son muy ricos y se disfrutan en todo el mundo, a menudo con salsas o como parte de platos como hamburguesas.











