Este plato combina la delicadeza y suavidad de los
lomos de merluza con el sabor intenso y ligeramente dulce de los pimientos del
piquillo en tiras. Una propuesta sencilla y equilibrada, en la que los
pimientos aportan color, aroma y un toque especial que realza el sabor del
pescado.
Sección
Pescado:
4 personas, preparación 10/15 minutos. Dificultad: fácil. Todos
los tiempos son siempre indicativos.
Ingredientes
para la receta:
4
o más lomos de pescado merluza, un bote de pimientos del piquillo en tiras, 3
dientes de ajos, perejil fresco, aceite de oliva y sal.
Preparación
y cocción:
Pelar
y picar los ajos y sofreírlos en aceite, sin que se quemen incorporar los
pimientos.
Cocinar
unos 5 a 6 minutos e incorporar el pescado, girándolo.
Una
vez el pescado en su punto incorporar el perejil lavado y picado.
Servir
caliente.
Los
lomos de merluza
son
las piezas de pescado obtenidas de los lados del pescado merluza, que se
caracterizan por ser filetes gruesos, limpios y sin espinas. Son muy apreciados
en la cocina por su textura suave, sabor delicado y versatilidad para diversas preparaciones.
Son un pescado blanco de carne firme pero jugosa, con un sabor suave que
combina bien con muchos ingredientes. Los lomos son las partes más limpias y
nobles del pescado, generalmente extraídos retirando la piel y las espinas, lo
que facilita su cocinado y consumo. En resumen, los lomos de merluza son la
parte más noble y fácil de preparar del pescado, ideales para recetas que
buscan potencia en sabor y suavidad en la textura.
Los
pimientos del piquillo
Son,
sin duda, el "oro rojo" de la huerta navarra. Su historia es un viaje
de ida y vuelta que mezcla la tradición agrícola con el ingenio conservero de
un pequeño pueblo llamado Lodosa. Aunque parezcan un producto castizo de
toda la vida, los pimientos llegaron a España gracias a los viajes de Cristóbal
Colón. Sin embargo, la variedad que hoy conocemos como "Piquillo de
Lodosa" es fruto de una selección natural y un cruce de semillas realizado
por los agricultores navarros durante siglos. El nombre
"piquillo" no es casualidad: se debe a la forma de su punta, que
termina ligeramente curva como el pico de un ave. Fue en los años 70 y 80
cuando su fama explotó, gracias a que los cocineros de la Nueva Cocina Vasca
redescubrieron su textura sedosa y su equilibrio perfecto entre dulzor y un
toque picante casi imperceptible. Lo que hace especial a la conserva de
pimientos del piquillo (ya sea enteros o en tiras) es una regla de oro que
separa a los artesanos de los industriales: Los pimientos se recogen a
mano y se asan directamente con fuego (gas o leña). Esto les da ese aroma
ahumado tan característico. Pelado a Mano: Aquí está el secreto. Se
pelan uno a uno sin sumergirlos en agua. ¿Por qué? Porque el agua les quitaría
el aceite natural, el brillo y, sobre todo, el sabor intenso. Los
pimientos que no mantienen la forma perfecta para ser rellenados se cortan en tiras
uniformes. Esto no baja su calidad; al contrario, es el formato favorito para
ensaladas o guarniciones.
El perejil
(Petroselinum Hortense) era bien conocido por los pueblos
antiguos que lo usaban para fines particulares. Los griegos adornaban sus
cabezas cuando participaban en los banquetes. Los romanos la utilizaban para
decorar las tumbas de los familiares, mientras que los etruscos la consideraban
una planta mágica. Fue en la Edad Media cuando, habiendo perdido la asociación
simbólica romana con el mundo de los muertos, el perejil ganó un gran
reconocimiento popular. Su presencia se hizo habitual en la cocina, de ahí el
lema “ser como el perejil” para indicar algo o alguien omnipresente. El perejil
cultivado tanto en maceta como en el jardín, a pesar de sufrir el clima cálido,
tiene un crecimiento rápido. Si las hojas están marchitas, una vez regadas es
posible verlas "resucitar" en pocos minutos, y si cortadas rechazan.
En la cocina contemporánea, el perejil es muy utilizado para decorar numerosos
platos, tanto cocidos como crudos, y para condimentar salsas y rellenos.


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