En
esta ocasión, dejamos a un lado el clásico contraste cárnico para dar paso a
una versión mucho más fresca, elegante y marinera con langostinos cocidos.
La base tradicional se fusiona aquí con la textura tersa y el sabor sutilmente
dulce del marisco, transformando un clásico humilde de la huerta en un
auténtico plato de fiesta.
Sección
crema fría:
4 personas, preparación: 15 minutos, nevera mínimo 2 horas.
Dificultad: fácil. Todos los
tiempos son siempre indicativos.
Ingredientes para la receta:
1
K de tomates pera, 150 g di pan del día anterior, 1 diente de ajo, aceite de
oliva, agua y sal.
Acompañamiento;
2 huevos, 8 langostinos cocidos y pelados, picatostes de pan.
Preparación
y cocción:
Cocer
los huevos, pelarlos, cortarlos en cubitos y reservar.
Remojar
el pan en el agua.
Pelar
los tomates cortarlo en trozos y meterlos en la batidora con el ajo pelado.
Escurrir
el pan, estrujarlo hasta extraerle el máximo de agua e incorporarlo a la
batidora.
Batir
unos minutos hasta que se deshagan los tomates.
Añadir
el aceite y la sal y triturar hasta conseguir una crema fina y consistente.
Probar
de aceite y sal y meter en la nevera.
Servir
frío con el langostinos enteros y pelados, algún picatoste y el huevo por
encima.
El
salmorejo cordobés
Es una de las joyas más absolutas de la gastronomía andaluza. Aunque hoy lo conocemos como una crema fría de tomate sedosa y refrescante, su receta actual es el resultado de siglos de fusión cultural y evolución culinaria. Su origen se remonta a la época del Imperio Romano e incluso antes. En sus inicios, no llevaba tomate (un ingrediente americano que no llegó a España hasta el siglo XVI). La historia del plato se divide claramente en dos etapas: El salmorejo blanco: Los soldados romanos consumían una mezcla de pan majado, agua, vinagre, ajo y sal para reponer fuerzas. Durante el Califato de Córdoba, esta base se enriqueció con almendras, dando origen a la mazamorra (que todavía se consume en Córdoba y es el antepasado directo del salmorejo). Se machacaba todo a mano en un mortero de piedra. La revolución del tomate (Siglos XVIII - XIX): Tras el descubrimiento de América, el tomate llegó a España, pero al principio se usaba como planta ornamental o con desconfianza. No fue hasta el siglo XVIII o principios del XIX cuando se incorporó de forma generalizada a este majado de pan. El color cambió para siempre, aportando la acidez y frescura que hoy lo caracterizan. Con la llegada de la batidora eléctrica a los hogares a mediados del siglo XX transformó el salmorejo de un plato rústico con grumos a la emulsión suave, densa y cremosa que conocemos hoy. Los 4 Ingredientes Principales (y obligatorios) Tomates maduros, pan de telera cordobesa: Es un pan tradicional de la zona con una miga muy densa, blanca y compacta, ideal para absorber el aceite y dar consistencia. Se usa asentado (del día anterior). aceite de Oliva Virgen Extra, ajo. A estos cuatro se les añade únicamente sal. A diferencia del gazpacho, el salmorejo tradicional no lleva agua, ni vinagre, ni pepino, ni pimiento. La Guarnición Tradicional. El salmorejo nunca se sirve solo; se corona siempre con dos acompañamientos clásicos que contrastan a la perfección con la cremosidad del plato, huevo duro picado, Jamón ibérico en taquitos.
Los
langostinos
Penaeus
kerathurus. Características: Crustáceo decápodo de cuerpo alargado y comprimido
con caparazón liso y poco consistente. Abdomen bien diferenciado y cola muy
pronunciada. Ojos grandes. Coloración en función del sexo, machos color claro
con bandas rosas y hembras amarillo verdosa con bandas parduzcas. Vive en aguas
poco profundas, sobre fondos arenosos entre los 5 y los 90 m, aunque más
frecuente sobre los 20 m. Fase reproductora desde primavera hasta otoño, más
intensa en verano. Distribución: Atlántico y Mediterráneo, aunque está presente
en casi todos los mares del mundo. Pesca: Artes de arrastre y nasas, aunque
actualmente se cultiva en muchos países. Los encuentras crudos, congelados,
cocido y pelados.



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