Un
plato delicioso que combina lo mejor de la huerta con el sabor ahumado y salado
del guanciale. Esta receta, fácil de preparar, resalta la suavidad de las
acelgas y la riqueza del tomate, creando una mezcla irresistible. Perfectas
como acompañamiento o plato principal, son ideales para disfrutar en cualquier
ocasión.
Sección:
verdura,
4 personas, preparación 20 minutos.
Dificultad
fácil.
Todos los tiempos son siempre indicativos
Ingredientes para la receta:
1 k de acelgas, 2 patatas medianas, 1 zanahoria mediana, 100 g de guanciale. 1 cebolla pequeña, 2 dientes de ajo, 250 g de tomate triturado, aceite de oliva, agua para la cocción y sal.
Primero
pelaremos la cebolla y los ajos y picaremos muy fino, pocharlos en aceite.
Una
vez realizado añadir el guanciale y rehogar unos minutos, seguidamente el
tomate y cocinar unos 15 minutos y la salsa este medio espeso.
Lavar
y limpiar las acelgas quitándoles sus hebras y trocear al gusto.
Pelar
patatas y zanahoria y trocearlas al gusto.
Cocer
acelgas, patata y zanahoria en abundante agua con sal y dejarlas al dente.
Escurrirlas
y volverlas a incorporar a la cazuela uniendo la salsa de tomate y rehogar.
Servir
calientes.
La
acelga
(beta
vulgaris) deriva del celta y significa "roja", debido a las
nervaduras y la raíz rojas. La acelga, también llamada hierba o acelga, en su
especie original fue objeto de recogida de alimentos desde tiempos
prehistóricos, extendiéndose de forma espontánea en las costas arenosas de la
cuenca mediterránea. La planta era tan valiosa que las selecciones para obtener
hojas más grandes comenzaron hace incluso tres mil años por los babilonios. Ya
los etruscos y los romanos contaban varias variedades: una blanca, una roja y
otra de finas costillas que daban vida a los platos betaceos de Apicio, tanto
que los placenteros de la época los buscaban como guarnición de platos
sustanciosos. Hoy encontramos acelgas presentes en todas las cocinas, utilizada
habitualmente cocinadas.
Tomate
triturado
Antaño era una cita fija en todos los hogares, hoy es una costumbre que vuelve a estar de moda, gracias a la pasión por la buena mesa y al regreso a la autoproducción: la preparación de puré o pasta de tomate es una tradición que une a todos. Sin embargo, antes de abordar el puré o triturado, es necesario retroceder en el tiempo, a la llegada del tomate a Europa: un viaje que comienza en América Latina, en particular en México y Perú, con el xitomatl, el nombre azteca que dio origen a al término inglés “tomate” - y que continuó en Europa después del descubrimiento del Nuevo Continente en 1492. el tomate fue traído por los españoles al resto del continente europeo y se tiene constancia de su utilización en las cocinas de nuestro país en el siglo XVII. También en el año 1692, en el recetario napolitano de Antonio Letini, se habla de una salsa elaborada al estilo español con tomate.
La
papada de cerdo, o guanciale
También
conocida como "panceta" o "papada", es una capa de grasa
ubicada en la parte inferior de la cabeza del cerdo, específicamente en la zona
del cuello y la mandíbula. Esta parte del cerdo es rica en grasa y carne
entreverada, lo que la hace ideal para diversas preparaciones culinarias. La
papada se utiliza en platos de cocina tradicional y también se puede curar,
ahumar o utilizar en salsas, aportando un sabor y una textura únicos a los
alimentos. Guanciale es un producto característico de la
cocina romana (Italia) Se trata de una carne curada obtenida de la carrillera o
papada del cerdo que contiene una parte magra -constituida por músculos, que
forman las venas características- y grasas cuya calidad es decididamente
superior a la que se encuentra en la panceta (obtenida de la panceta) o en la
manteca de cerdo (obtenida del lomo). En este punto, la carne se sala primero
durante poco menos de una semana y luego se condimenta con pimienta y guindilla
(en el Lacio se usa también ajo), en otros lugares con romero u otras hierbas
aromáticas.




















